Let it beEl Nuevo Cine Argentino, en su asombrosa diversidad, no admite encasillamientos. Decir que es todo igual es perder de vista gran parte de su caudal. No es perfecto, pero es lo suficientemente poderoso como para soportar el debate y la crítica. El cine argentino está vivo y se defiende solo.
por Diego Papic.Intentar definir un movimiento en el momento mismo en que se está desarrollando es una tarea inútil. Hasta afirmar su existencia o inexistencia suele ser tarea vana. Es imposible imaginarse a Mallarmé diciendo "Bueno, llegó la hora de escribir algún poemita simbolista" o a Coleridge pensando "Esto es romanticismo, carajo", mientras componía la Balada del viejo marinero. Sin embargo, puede afirmarse que el cine argentino ha cambiado.
Si fue el nacimiento de tantas escuelas de cine (sobre todo de la FUC), si fue el regreso de
Alejandro Agresti con toda su filmografía bajo el brazo, si fue ese conjunto de cortos sorprendentes agrupados bajo el título de Historias breves, si fue el estreno de
Pizza, birra, faso, si fue la militancia subterránea y rebelde de
Raúl Perrone, incluso si fue la convertibilidad... nunca lo sabremos y poco importa. Lo cierto es que el cine argentino ha cambiado en la última mitad de la década del '90 y, como toda cosa diferente, ya ha generado sus detractores. Y está bien que los tenga. La complacencia es enemiga del arte y el artista se curtirá estando en tensión con la crítica. Todo forma parte de una misma cosa y a veces se produce el milagro. Pero también es cierto que a menudo la crítica utiliza sus procedimientos con una rigidez proverbial: es así como el neorrealismo italiano es sólo ruinas de posguerra, que ignoran las diferencias enormes que hay entre Visconti y De Sica. Es curiosa la relación que hay entre el espectador y el cine argentinos. Antes, los espectadores le reclamaban verosimilitud... y recibieron verosimilitud (¿qué es
Pizza, birra, faso sino, casi exclusivamente, pura verosimilitud?). Antes, los espectadores les reclamaban a los directores que pensaran en ellos, que dejaran de lado la soberbia... y recibieron comedias pasatistas (
El descanso, digamos). El nuevo cine argentino no se define por sus actores recurrentes, que son montones y provenientes de diversos sectores de la cultura (teatro, televisión y no profesionales). Tampoco se define por su minimalismo (salvo que "minimalismo" sea sinónimo de "falta de grandilocuencia") ni por su costumbrismo (¿
Silvia Prieto costumbrista?). Es que el nuevo cine argentino, señores, es indefinible. Y es lo suficientemente poderoso como para no precisar más defensa que la enumeración de sus logros. Allí conviven
Bolivia y
El bonaerense con
La ciénaga y
Sábado. ¿Cuál es el denominador común de todas ellas?
Graciela Borges,
Héctor Anglada,
Gastón Pauls,
Jorge Román y hasta
Mimí Ardú son sus protagonistas. Color, blanco y negro, Buenos Aires, Salta, verborragia, silencio, cumbia, silencio, humor, muerte, sangre, sexo animal, sexo reprimido, sexo elidido. En sólo esas cuatro películas hay variedad, pero hay más: se viene la tercera de
Rejtman, la primera de
Szifrón y la demorada de
Kaplan. Nunca en toda su historia el cine argentino ofreció tanta variedad. ¿En qué se parecen
76 89 03 y
Esperando al Mesías? Todo esto, mientras consideremos sólo los estrenos comerciales. Porque hay todo otro cine argentino que aún espera en el limbo. El Work in progress del último BAFICI mostró desde una película bélica sobre la Guerra de Malvinas (
Vamos ganando, de
Ramiro Longo) hasta otra de ciencia ficción, sorprendente por su calidad (
Attack of the killer hog, de
Agustín Cavalieri y
Marcos Meroni). Pero también hay toda una producción subterránea de films destinados a una exhibición limitada: las productoras Wookie (
Vacaciones en la Tierra), Farsa (
Plaga zombie) o Crepusculum (
Bar Imperial,
Nathán, el peluche asesino) son los exponentes más conocidos y, al menos en el caso de Crepusculum, tienen una calidad que nos obliga a tomarlas en serio. Los documentales también están en franco apogeo. No sólo los estrenados comercialmente (que el año pasado fueron muchos, y muy buenos) sino también los producidos por detrás del aparato industrial y comercial. Y como si toda esta enorme cantidad de films diversos e infinitos no fuera suficiente, los próximos meses veremos tres regresos mayúsculos:
Adolfo Aristarain,
Carlos Sorín y
Pino Solanas. No se trata acá de pecar de optimistas. Está claro que el cine argentino tiene sus problemas. Pero los problemas nacen, casi siempre, de la película hacia afuera: no hay plata para ampliarla, la distribución es paupérrima, los cines las bajan de cartel pronto, Spiderman arrasa. La solución a esos problemas, seguramente, está más allá de la industria cinematográfica en sí, y tiene que ver con un proyecto de país que hoy está en discusión. Pero no se puede (al menos ahora) criticar al nuevo cine argentino en su totalidad, desde afuera. Podemos debatir si
Caja negra es una buena película o un mal experimento, si
El bonaerense es evolución o involución, si
NS/NC es un truco publicitario o una película honesta... pero no podemos decir que el nuevo cine argentino es todo igual. El cine argentino está vivo. Dejémoslo ser.
Apuntes sobre un espejismoLo que comenzó como una ruptura, hoy es cliché. Lo que en un comienzo era novedoso, hoy es lo corriente. El Nuevo Cine Argentino, antes siquiera de hacerse mayorcito, ya es viejo como el Viejo. Y todo muy aburrido.
por Jorge Bernárdez y Demián Aiello.
Ejercer la crítica en la Argentina no es fácil. Hace un par de meses la actriz
Thelma Biral escribió una carta al diario La Nación, quejándose amargamente por un comentario desfavorable sobre su última obra, escrito por Ernesto Schóo.
Juan José Jusid está ofendido con el conjunto de la crítica cinematográfica: no le alcanza con que el público acuda en masa a las salas, pretende además prestigio.
Alejandro Agresti tenía una fantástica relación con la revista El Amante hasta que aparecieron un par de reseñas negativas y el amor se convirtió en odio. Cuando Osvaldo Ardiles, el repatriado director técnico del Club Atlético Fernando Marin, cometió la imprudencia de aceptar que tras la catastrófica derrota con Independiente el campeonato local había quedado muy lejos, el mundo futbolístico se le fue encima. Cuando los cronistas le preguntaron por qué pensaba que le habían pegado tanto, Ardiles confesó que se sentía extraño, que se había encontrado con un país atravesado por códigos según los cuales nadie critica a nadie y nadie dice lo que realmente piensa. Los argentinos no respetamos las leyes pero somos profundamente respetuosos de esos códigos de pertenencia propios de la mafia. Cuando contábamos que nos disponíamos a escribir esta nota, los amigos y colegas se divertían con la idea pero nos preguntaban si estábamos seguros de lo que estábamos por hacer. Es que el Nuevo Cine Nacional aparece para muchos como una esperanza real de renovación frente a un cine comercial cada vez más anodino y convencional. Entonces la crítica asusta. Caen sin darse cuenta en el error de justificar cualquier cosa, y ese suele ser el peor camino para cualquier cosa. No es el odio lo que nos llevó a encarar la disección de este fenómeno que ha venido creciendo desde mediados de los '90. Es el último grito de la moda. En su momento fue la psicología, después la comunicación social, hoy es el cine. Miles de jóvenes acuden a las diferentes escuelas para aprender dónde poner la cámara y cómo contar historias. Pero no se trata de contar cualquier historia. Se trata de contar las historias que cuenta lo que los medios ya han bautizado como Nuevo Cine Nacional. ¿Y cómo se hace eso? Presta atención, joven lector, que por mucho menos de lo que cuesta la cuota en una escuela de cine, y en un servicio exclusivo, te explicaremos cómo filmar tu propio éxito del Nuevo Cine Nacional. Modelo Nº 1, también llamado ¡Qué abúlico era mi valle!:Puede ser en blanco y negro o a todo color, pero nada de imágenes claras o fotografía nítida. Esas son cosas del cine mainstream y nosotros odiamos el mainstream. La locación será un bar modesto en alguna calle lateral de la avenida Corrientes. El comienzo puede ser un plano de cinco minutos del cartel con el nombre del bar para ubicar al espectador, no sólo acerca de dónde se va a desarrollar la película, sino acerca de la duración de los planos que va a ver en esta película. Todos los planos serán más largos que lo normal, que lo aconsejable. Más largos (digámoslo ya) que lo soportable. En el bar un hombre está limpiando el baño, un cuchitril inmundo. Este procedimiento será registrado en sus más mínimos detalles. A los diez minutos llega el mozo y saluda al hombre: -Buenas, Don Quique.Quique es
Enrique Liporace y saluda al mozo con una puteada al mejor estilo
Luppi (a pesar de que no reconocemos al viejo cine argentino como antecedente, nos podemos tomar la libertad de una cita u homenaje como esta). -Pedazo de pelotudo, concha de tu madre, ¿éstas son horas de llegar? Los siguientes diez minutos de película estarán dedicados a ver cómo el mozo se viste con su delantal y el dueño del bar termina de lavar el baño. Ahora sí. Después de veinticinco minutos de película, es hora de que aparezca uno de sus protagonistas: Daniel (
Daniel Hendler, que es al Nuevo Cine Nacional lo que Brando al Actor's Studio) entra al bar y saluda desganado algo así como: -Mmsssla.El mozo se acerca y le pregunta si le trae lo de siempre. Daniel lo mira dos o tres minutos y contesta: -Mmmse. Durante diez o doce minutos,
Hendler esperará que el mozo le traiga una cerveza mientras mira la calle donde, por supuesto, no pasa nada. Llega Nico (
Nicolás Mateo), se saluda con Daniel y se sienta enfrente. Se miran un rato hasta que llega el mozo y
Mateo lo mira mal pero pide un café.
Mateo viene de una reunión de H.I.J.O.S. Eso se advierte por un panfleto que tiene en la mano y deja sobre la mesa. El tema no se desarrollará en ningún momento porque el Nuevo Cine Nacional no es vocinglero ni panfletario. En el televisor del bar se puede ver que están dando Los cuatrocientos golpes. Nico se levanta y cambia de canal hasta llegar a un canal de bailanta. Suena Damas Gratis con
Fidel Nadal (no vaya a ser que piensen que somos bailanteros en serio). Nico vuelve a la mesa y dice: -Me embola el cine aburrido.
Hendler mata una cucaracha (pueden pensar que es el plot point, pero no) y
Mateo dice: -¿Qué loco, no? Ya estamos en cincuenta minutos de película, ¿qué tal si metemos un personaje más? Entra ella, Antonella (
Antonella Costa), que se sienta en una mesa al lado de la ventana. Daniel y Nicolás discuten quién la va a encarar: -¿Yo o vos? -Mmmnose, andá vos bolú. -No, andá vos. -No sé. -¿Qué no sabés? -No sé qué cosa no sé. Este momento humorístico, que los críticos esos de la vieja escuela dirán que carece de profundidad y por qué no de gracia, será saludado por las revistas de rock como una demostración de humor nuevo y dissstiinto lo que lo colocará en el parnaso de la consideración de los jóvenes intelectuales junto a
Capusotto,
Alberti y Juan Di Natale. Tras quince minutos de diálogo vibrante, deciden tirar una moneda al aire. El que pierde, va. Tanto tardan en decidirse que para cuando termina el juego de la moneda, Antonella ya pagó el café y se fue. Daniel y Nico pagan lo suyo, se van caminando por la avenida Corrientes, un flautista de barba blanca y desaliñado (típico personaje de la zona) toca en la vereda. La cámara se queda con él y ya está, con ésta película usted logrará fama y prestigio, los periodistas destacarán su minimalismo, su retrato de una generación, sus tiempos. En fin, harán de usted un nuevo prospecto del famoso Nuevo Cine Nacional. En cambio, si usted no quiere ser destacado por su minimalismo puede optar por... El Modelo Nº 2, también llamado Marginalia:Este tipo de historia se puede desarrollar en cualquier pensión de San Telmo, preferentemente situada al lado de una casa tomada. Todo lo que se verá será real, la pensión será una pensión en serio y la casa tomada con sus habitantes pasará a ser, a partir de ese momento, su verdadero hogar. Pedro (encarnado por algún actor novel que luego hará televisión integrando elencos de programas como Rebelde way o similares) y El Nene (
Jorge Sesán, conocido por su papel en
Pizza, birra, faso y Okupas) ponen sobre la mesa algunos relojes, walkmans, anillos y dinero producto de los atracos del día. Mientras se fuman un porro, Pedro cuenta una anécdota sobre un "gil" al que asaltó hoy. En cambio, El Nene sueña con un golpe perfecto. En esta película debe estar muy cuidado el léxico punga para que el director pueda demostrar que a pesar de haber estudiado en la FUC y ser un chico rico, conoce la crudeza de la calle. No podrán faltar frases como: "Aguantá los trapos", "Pedazo de pancho", "Te cago a corchazos", "Quedate quieto o te doy un tajo" o el clásico "No te amotinés". En otro orden de cosas, los protagonistas son amigos y/o conocidos de todos los personajes urbanos: los vendedores ambulantes, las putas, los dealers, los mendigos, los travestis, los barrenderos, etc. Todos ellos, por supuesto, serán personajes reales de la calle. Lo que se pierda en profesionalismo se ganará en realismo. Por alguna extraña y tácita convención, el film debe transcurrir exclusivamente de noche y mostrar que los pibes roban por necesidad y porque son marginados por la sociedad, no porque son chorros y ya. Pedro vive con La Negra (interpretada magistralmente por
Jimena Anganuzzi), que se escapó de su casa y está embarazada. La vida de estos chicos transcurre con normalidad, juegan al fútbol debajo de la autopista, roban en los subtes, participan de la murga del barrio (lo que demuestra su costado sensible) y además se podría incluir una escena en la que revientan un barcito de una calle lateral a la Av. Corrientes atendido por
Enrique Liporace, justo cuando se van los dos últimos clientes, Daniel y Nico. Hasta que un día, por un conocido de la pensión, les llega la punta para un "trabajito" que los podría sacar de pobres. Pero la cosa sale mal y a último momento cae la policía. En una gran escena de persecución, comandada desde el patrullero por el propio comisario de la zona (
Carlos Roffé, secundado por el oficial a cargo,
Martín Coria). Entre disparos de ambos bandos, a La Negra le pegan un tiro en la panza (recuerden que estaba embarazada), Pedro frena en su huida para asistir a su mujer y es apresado. El Nene, en cambio, logra huir. La persecución concluye, la cámara se eleva y se ve a unos médicos del SAME que asisten a La Negra. A lo lejos, Pedro es esposado y metido al patrullero.
Carlos Roffé se mete en su auto con cara de deber cumplido y se intercalan tomas de El Nene, ya lejos del peligro, que baila con la murga. Créditos finales. El camino al convencionalismo La nueva camada del cine nacional ha hecho de su distanciamiento de los directores más viejos, de las historias pequeñas, de la ausencia de un mensaje explícito y de la abulia generacional, una marca de estilo que rápidamente devino en cliché. Los productos del Nuevo Cine Nacional parecen calcados unos de otros y a pesar de los elogios de la prensa y del interés por estas películas en los festivales europeos, el público argentino apenas si les presta atención. La idea de que menos es más ha hecho carne en los cineastas de las nuevas generaciones y sus películas lo reflejan. Todas se apoyan en anécdotas pequeñas, lo que no sería tan malo si no fuera porque todo lo que las rodea también lo es. Nadie parece querer hacer honor a la idea de que el cine es más grande que la vida. Para el Nuevo Cine Nacional, el cine es tan gris como la vida. No hay grandeza, no hay opciones morales, no hay amor ni grandes pasiones. Hitchcock decía que el cine era como la vida pero sin las partes aburridas. Eso lo dijo porque no vivió lo suficiente como para ver los productos de Nuevo Cine Nacional. Este tipo de cine anda por un camino (si se quiere) similar al tango. Comienza como una cosa marginal, de unos pocos "adelantados" que luego son aceptados por la ortodoxia e incorporados al sistema, con premios en festivales internacionales, éxito de critica y una estructura mediática que parece defenderlas y darles sostén. Si bien muchos ejemplos del Nuevo Cine Argentino se nutrieron de la heterodoxia para luego ser aceptados, esto no constituye una regla. No todo lo que es ignorado se convierte luego en un descubrimiento genial. Hay cosas que son dejadas
Fuente: CINENACIONAL.COM.AR